El bibliotecario

La reputación de los funcionarios es bien conocida, se suele decir que son vagos. La realidad sobre su idiosincrasia es por supuesto un poco más compleja y, como se suele decir, hay de todo. Muchas veces vagos, a veces irritados y por tanto irritantes, a veces son personas solitarias que tienen ganas de hablar. Es frecuente que tengamos que lidiar con ellos para algún trámite, que no nos informen bien, que no se molesten en informarnos, que entiendan “¿Tiene usted un lápiz?” literalmente y te contesten afirmativa o negativamente con un movimiento de cabeza. A veces se convierten en protagonistas de las anécdotas que cuenta la gente que ha tenido un encontronazo con ellos, como yo.

Resulta que quiero hacerme con un libro: Metáforas de la vida cotidiana, de George Lakoff y Mark Johnson (Cátedra, 2001), pero no está en la biblioteca de mi pueblo. Afortunadamente, veo en la website de la Junda de Andalucía que se pueden pedir libros de otras bibliotecas públicas de Andalucía, se trata del servicio de préstamo interbibliotecario. Así que, en teoría, vas a la biblioteca, pides el libro, lo traen en una semanita o lo que tarde el correo, y tienes 30 días para consultarlo in situ, no te lo puedes llevar a casa. Genial, pienso, el libro que quiero está en otras bibliotecas andaluzas, así que no habrá problema.

Entonces ocurre así, voy a la biblioteca, le cuento al tipo que quiero pedir un libro que está en la biblioteca de Churriana de la Vega, y me contesta “Es que… el servicio ese se suspende durante verano”.

“Ah, bueno, pues nada, gracias”, me doy media vuelta para irme.

“Es que, es así, en verano no nos prestan libros de otras bibliotecas. Lo siento, eh” -al tiempo que se levanta de su asiento

“Bueno, bueno. No pasa nada. Si es así, es así. Ya está. Hasta luego.” abro la puerta…

“Además, es que yo me voy de vacaciones, ¿sabes? Esto se queda vacío.”

“Ahá, vale, hasta luego.”

“¿En qué biblioteca está el libro que quieres?”- Se sienta y coge el teléfono.

“En Churriana de la Vega”- dejo la puerta y me acerco de nuevo a su mesa. “Pero vamos a ver, ¿se suspende el servicio de préstamo interbibliotecario durante el verano, sí o no?”

“Vamos a ver, voy a llamar para preguntarles, pero no creo que tengan el servicio disponible… Ahora en verano muchas bibliotecas suspenden este servicio” -Deja el teléfono y empieza a buscar algo por internet.

“Ah, bueno. Si ellos no pueden, no hay problema, el libro también está en la biblioteca de Málaga, y en la de Córdoba”. –Ofreciéndote soluciones alternativas, cosa que tú no haces, porque tienes empatía cero o porque no eres proactivo o porque

“Es que lo que pasa es que en verano se pierden libros, la gente se los lleva y luego no los devuelven porque están aquí sólo de vacaciones, luego me llaman a mi de las otras bibliotecas preguntándome por el libro…”

“Ajá” –Y por eso, para ponérmelo difícil, te inventas que no hay servicio interbibliotecario, ¿entiendo?

“Parece que nadie contesta al teléfono. Es que además has venido en un momento…, tengo que hacer un trabajillo para el lunes y estoy muy liado. El problema es que has venido en el peor momento.” -sonrisa y se pone a buscar algo por internet de nuevo, ¿otro número de teléfono quizás?¿condiciones del servicio de préstamo interbibliotecario?

Parece que está muy ocupado el pobre bibliotecario, debería sentirme culpable por venir a molestarle. ¿Cómo oso?¿¡Cómo oso?! Qué poca consideración la mía.

“¿Tienes mucha prisa? Si te vienes el martes, lo hacemos.” -(hoy es viernes)

Digo: “Bueno pero entonces ¿se puede hacer o no? Que si lo puedo hacer yo por internet, mejor.”

Dice: “No, lo tengo que solicitar yo, porque es un préstamo entre bibliotecas” -Se pone a marcar de nuevo un número.

Digo: “Pero no comprendo que se pierdan los libros, yo tenía entendido que el libro se consulta en la biblioteca misma.”

Dice: “Sí, bueno, pero a veces lo dejamos.”

Digo: “Ah” –qué tonto eres, pienso, “pues a mi la verdad es que me da igual, vivo aquí al lado así que si no me lo puedo llevar, lo puedo consultar aquí mismo”. He caído en la telaraña del funcionario, ¡oh! a él le gusta que te acerques a la súplica, que le ofrezcas diferentes alternativas, que le insistas, a él le gusta limitarse a reaccionar y lloriquear.

“¿Y qué libro es? Ya por curiosidad.” dice

“Uno de George Lakoff”

“Bueno, qué raro, siguen sin contestar al teléfono los de la biblioteca de Churriana.”

Pues claro, son de tu calaña.

Dice: “Pues mira, déjame los datos del libro, y mañana por la mañana te lo pido a primera hora.”

¡Bravo! Aún tendré que darte las gracias.

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Un comentario el “El bibliotecario

  1. Os invito a leer la opinión que he dejado en este post que acabo de publicar en mi blog, sobre el tema del “servicio público”:

    http://observadorsubjetivo.blogspot.com/2010/08/bien-comun-bien-de-nengun.html

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