¡No me contestes!

¡Y que sea la última vez que lo haces!
– Pero mamá, que no ha sido culpa mía.
– ¡No me contestes! … ¿Y se puede saber dónde has puesto el bolígrafo?
– Ah, me has dicho que no te conteste, pues no te contesto.

Tengo tres hermano menores. Se puede decir por ello que mi casa ha sido siempre un sitio donde aburrimiento y paz no tenían cabida. Nunca se me ocurrió usar la primera grabadora que me regalaron para otra cosa más que para cantar y jugar a la radio, pero ahora desearía tener grabaciones de alguna que otra pelea doméstica, de las cuales se podría aprender algo o por lo menos daría pie a reflexiones.

Por suerte o por desgracia, algo me queda en la memoria de toda esa historia bélica-doméstica, como por ejemplo cuando mi madre decía ¡no me contestes! y mis hermanos dejaban de contestar a las preguntas de mi madre. Si consultamos contestar en el diccionario de la RAE vemos que la tercera acepción es: replicar, impugnar. Eso es lo que mi madre quería decir. ¿No entendían mis hermanos? Yo creo que sí, pero se aprovechaban de la ambigüedad para fastidiar un poco.

Con el tiempo mi madre dejó de decirlo así y optó por No me rechistes. Supongo que igual que pasó en mi casa, también en el mundo hispanohablante en general, ese uso particular del verbo contestar ha ido desapareciendo.

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