Decir sorry en lugar de perdón

El otro día me comentaron que en Bilbao la gente dice “barkatu” en lugar de “perdón”. Incluso los que no hablan nada de euskera, dicen “barkatu”. La razón, según me dijeron, es que cuesta más decir “perdón”. No estoy completamente seguro de qué significaría este “cuesta más decir”, pero intuyo que sencillamente “perdón” suena demasiado grave. “Barkatu” pesa menos, por así decirlo, y sale con más facilidad. Me pareció razonable.

Y de hecho me vino a la cabeza un fenómeno quizá relacionado: el caso de “sorry” que tanto parece usarse entre los jóvenes en foros de internet.

describe lo que traes puesto (sorry tema muerto). Aquí

Otra pregunta sorry, esta ba (sic) para los mas veteranos de la serie. Aquí.

Ahora sí va la foto (sorry). Aquí.

Va de vinos, sorry. Aquí.

Sorry… De donde son? Aquí.

Parece que el fenómeno se da a los dos lados del charco.

Y mientras escribo este post, recuerdo haber usado “sorry” yo mismo en Twitter, disculpándome por un chiste tonto:

@eumanismo:

existir y haber no son las versiones intransitivas de ser? Otras opiñones?

@aalaminos:

@eumanismo Otra opiñón complementaria: son las versiones frígidas de “ser”, no son verbos copulativos… sorry

Sin embargo, no me parece que se use “sorry” en el lenguaje hablado. Al menos, por  los entornos donde me muevo no lo he escuchado nunca, a no ser que se diga de forma humorística. De forma humorística, he oído “thank you”, “perfect”, “great”, “danke”, “merci”, “das ist gut”… Supongo que llega un momento en el que se vuelve normal, y no se puede decir que sea humorístico porque no le hace gracia a nadie.

Parece que la cosa es tomar una palabra de otro idioma para no sonar demasiado solemne. Pero parece lógico pensar que al adoptar una palabra que se encargue de este registro informal, estamos relegando a la palabra del idioma propio a sonar más solemne aún. Don’t you think?

¿Qué os parece a vosotros? ¿Pasa esto en otros idiomas? ¿Se os ocurre otro ejemplo parecido?

Internet causa rápida propagación de neologismos

La influencia de internet acelera la propagación de nuevas palabras

La revolución de internet produce un «mayor solapamiento de idiomas, lo que ha multiplicado la penetración en otros sistemas del inglés», según la directora del programa de lenguas de la Universitat Oberta de Catalunya, Pauline Ernest. La clave radica en su hegemonía cultural, consecuencia del poderío económico y militar. «¿Qué diferencia un idioma de un dialecto?», le preguntaron un día al suizo Ferdinand de Saussure. «Los cañones», respondió el padre de la lingüística moderna.

El artículo es interesante aunque no ahonda demasiado y se queda un poco cojo.

En resumen, se dice que se «multiplica la penetración del inglés en otras lenguas» y que como siempre los expertos por un lado aceptan la inclusión de neologismos como algo natural de cualquier lengua viva, y por otro, desaconsejan usar palabras de otros idiomas para referirnos a cosas que ya tienen su correspondiente vocablo en castellano.

Lo cierto es que Internet es sólo una parte de toda la revolución de los medios de comunicación. Por ejemplo, es cierto también que la publicidad y muchos periodistas son iniciadores del uso de nuevas palabras, casi siempre usadas para darse cierta pose, cierta clase, algo de elegancia o sofisticación, un aire erudito, o vaya usted a saber. Por ejemplo, se me ocurre ahora el uso de palabras como handicap (muy usada por periodistas deportivos, cuando podrían decir inconveniente u obstáculo), o como confort (típica de los anuncios de coches, cuando podrían usar comodidad).

También es cierto que estos (publicidad, periodismo,..) no son la primera causa, pues si han optado por el uso de estas palabras es por una serie de razones, ya sea que tienen que usar un lenguaje que capte la atención, ya sea por un background snob, una educación en inglés, …

Y ahora tenemos Internet. Algo bonito y tenebroso acerca de Internet, es que todo lo que decimos queda ahí, «impreso para siempre». Además, ahora no son sólo los monjes los que saben escribir, no son sólo los escritores los que publican, no son sólo los expertos los que dejan ver sus opiniones. No, ahora la plebe puede decir lo que quiera en un pedestal muy vistoso que no entiende de fronteras. No sólo puede decir lo que quiera sino también como quiera, en su propia lengua. Antes, la forma de hablar de la gente de a pie quedaba mayormente en la calle, las palabras que usaran se las llevaría el viento, y mucho tenían que usarse para llegar a propagarse y finalmente llegar a las orejas de algún lingüista observador. Ahora no, ahora todo lo que se dice está a un click de distancia, y a veces te topas sin querer con el habla d ls q scriben asín y dizen kani, buga, keli y shorba.

Por otro lado, y esto es una historia distinta, están los neologismos propios de Internet, quiero decir, los que se refieren a cosas propias de este ámbito, o en general, de todo lo que tiene que ver con computadoras: hardware, blog, web, chat, etc. Estos conceptos aparecen primero en inglés, luego nosotros podemos traducirlo y decir charla en lugar de chat, o cibercharla para ser más específicos, pero no sería natural aunque se trate de nuestro idioma, sería como traducir tsunami por ola de puerto, u ola gigante.

En el artículo de elPeriódico.com, Alberto Gómez Font (coordinador general de la Fundéu) dice que es una bobada considerar al inglés más dinámico a la hora de crear nuevas palabras: «Todas las lenguas tienen la misma facilidad para crear palabras. Lo que ocurre es que los neologismos nacen para designar algo nuevo, y se inventan más cosas en inglés». Me parece que tiene mucha razón.

En cambio, otros expertos dicen que el inglés suele crear neologismos por analogía de imagen, por ejemplo toma web (telaraña) para referise a Internet. Mientras que las lenguas románicas lo hacen juntando dos palabras. Esto da lugar a palabras largas que chocan con el principio de economía del lenguaje, y que por tanto al final son preferidas las palabras en inglés. En mi opinión esto no es totalmente cierto: primero porque el inglés también toma muchas nuevas palabras por composición (hitch-hike, armchair, guesthouse,…), y segundo porque también en las lenguas románicas, como en todas las lenguas, por medio de una metáfora o una anlogía de imagen, usamos una palabra para definir algo nuevo que se parece a lo que la palabra designaba anteriormente: por ejemplo, sin ir más lejos, podemos decir red en lugar de internet, y no hay que echar más que un vistazo a los diferentes usos de coche a lo largo de la historia y en el presente.

Si el automóvil se inventara ahora, quizá no lo llamaríamos coche, ni carro, ni auto, ni automóvil, sino car. No porque sea una palabra más corta, sino porque hoy la hegemonía del inglés es más evidente que nunca, y una de las razones para ello es que tiene más medios para su influencia. Uno de ellos es sin duda Internet, que es un medio rápido y masivo.

Otra de las declaraciones en el artículo dice «[…] es pernicioso usar voces del inglés de manera innecesaria o por pose […] Si hay un término español para designar algo, no hay motivo para utilizar uno de otro idioma». Difiero: sí hay motivo. Aquí está la contradicción típica de considerar natural el uso de extranjerismos pero censurable si estos son innecesarios. Lo cierto es que nunca son innecesarios, porque hasta la misma pose es parte del lenguaje. El hablante siempre comunica más de lo que sus palabras significan, pues la selección de las palabras también tienen un significado, es decir el usar esta y no otra es parte de una imagen que el hablante da de sí mismo, sea o no voluntariamente. Así estas dos frases: «Joder, la fiestuki fue un pastelazo» y «Vaya, la celebración fue algo aburrida» se refieren a la misma realidad, pero cada hablante ha elegido sus propias palabras para comunicar algo que está más allá del mero contenido semántico, y tomar palabras de otras lenguas, en mi opinión, ni corrompe ni enriquece la lengua, simplemente la cambia y la mantiene viva. No sé si alguien diría «Fuck, la party estuvo tope chof», pero aún así podemos asignarle una imagen mental a este hablante ficticio, que es distinta a las de los emisores de los otros dos ejemplos. Lo que pasa con Internet, es que esta imagen pública que da de sí mismo el emisor del mensaje, es más pública que nunca.

En fin, para volver al tema central y concluir: Ferdinand de Saussure dio en el clavo cuando contestó «los cañones».